viernes, 17 de agosto de 2012

::No supe quién era::

Una tarde, de tantas que han pasado a lo largo de mi vida, iba caminaba por el parque hablando de tonterías, riendo de cosas un tanto absurdas, dejando pasar el tiempo sin preocuparme de nada, sin pensar en nada específicamente, siendo feliz sin tener una razón aparente, de repente...

-Te vi, me viste, nos vimos...

Solo fue un minuto, nuestras miradas se cruzaron, y de pronto nadie importo, ni la persona que iba conmigo, ni las personas que iban contigo, solo nos miramos, una mirada tierna, transparente y tímida, ojos de una persona que no había notado antes, miradas que no solo nosotros notamos, sino que los demás también (fuimos tan evidentes, nos seguimos con la mirada,)...

Y...  pasó, solo duro un minuto, después cada quien siguió su camino, no supe tu nombre, no supiste mi nombre, no hubo gestos, no hubo sonrisas, no hubo palabras, no hubo nada, solo una mirada...

Y después de tanto tiempo me volví a acordar de ti, de ese momento, de esa mirada, aunque nunca supe quién eras...

...lunk...

jueves, 2 de agosto de 2012

Carta de Robert Schumann a Clara Wieck

A Clara Wieck, Leipzig, 1834

Mi querida y reverenciada Clara:
     Existen personas que odian la belleza y sostienen que los cisnes son en realidad gansos de una clase más grande; así se podría decir que igual justificación que la distancia es sólo un primer plano que se ha apartado. Y así parece ser, porque hablo contigo a diario (sí, incluso en voz más baja de lo que lo hago habitualmente), y aún así sé que me comprendes. Al principio tenía diversos planes sobre nuestra correspondencia. Quería, por ejemplo, iniciar una pública contigo en el periódico musical; después quería llenar mi balón de aire (sabes que poseo uno) con ideas para las cartas, y organizar un ascenso con el viento favorable y hacia un destino adecuado...
Quería cazar mariposas para que te llevasen las cartas. Quería enviar mis cartas primero a París, de manera que las abrieras con gran curiosidad, y entonces, más que sorprendida, me creyeras en París. En definitiva, tenía muchos sueños ingeniosos en mi cabeza, de los que hoy sólo me ha despertado el cuerno del postillón [el cartero]. El postillón, mi querida Clara, ha tenido, además, en mí un efecto mágico mayor que el del champán más excelente. Uno parece que no tiene cabeza, uno tiene un corazón deliciosamente ligero, cuando lo oyes tocar el cuerno con tanta alegría en el mundo. Para mí son verdaderos valses de anhelo, estos toques de trompeta, que nos recuerdan algo que no poseemos. Como decía, el postillón me sacó de mis viejos sueños y me llevo a otros nuevos...

Carta A Clara Wieck, Leipzig, 1834, escrita por Robert Schumann. 
Del libro "Los Grandes Hombres También Hablan De Amor."

...lunk...